www.centrocelsofurtado.org.br

Imprimir Assine 
Compartilhe

Celso Furtado


La Memoria del futuro

 

Rosa Freire d’Aguiar

Directora del Centro Celso Furtado

“Quiero registrar hoy, aquí, una idea que me seduce desde hace tiempo: escribir una Historia de la Civilización Brasileña”.

20 de agosto de 1937. Celso Furtado

 

Viene de lejos, desde las páginas de un diario adolescente, el primer acorde de lo que sería el tema poderoso y amplio, armónico y variado de una sinfonía que se confunde con la propia vida de Celso: comprender el Brasil, la historia, los hombres. La imagen musical se detiene en otra pasión de aquel joven de 17 años: la música, aprendida en Paraíba, discutida en apasionadas conversaciones en la playa de Tambaú con los amigos del Liceo Paraibano. Más tarde, ya en Río de Janeiro, la música fomentaría el sueño de convertirse en crítico musical, la franqueza de las charlas con Villa-Lobos, el fervor al asistir a un concierto de Toscanini. Más tarde aún, la música sería el refugio en las horas plácidas o turbulentas, en las alegrías y en las adversidades, cuando recomenzaba enriquecido por el dolor de la experiencia.

Su obstinado deseo de comprender al Brasil, requirió, previamente, entender por qué el país era subdesarrollado y, como corolario, la mecánica del subdesarrollo. Este es el marco primordial de su trayectoria, que se potenciará, al mismo tiempo, en amplitud y profundidad, para desplegarse en muchos otros para la construcción de Brasil y su destino. Autor de cerca de 30 títulos, algunos definitivos para la historia del pensamiento económico moderno de Brasil y de América Latina, el intelectual no se conforma con señalar caminos, sino que busca en la realidad, al interlocutor capaz de conducir al país al pleno desarrollo, dando a las ideas el peso de la esperanza en acción. 

Si la vida pudiera resumirse en una síntesis acelerada, recordaría que Celso fue periodista a los 19 años, funcionario público a los 23, abogado a los 24, doctor en economía a los 28; teniente segundo de la FEB a los 24, pionero de la Cepal a los 29, creador y superintendente de la Sudene a los 39, ministro de Planeamiento a los 42; además de profesor en prestigiosas universidades en Europa y Estados Unidos, embajador y ministro de Cultura.

Recordaría el rigor del carácter. El innegable orgullo de haber sido nada más que un servidor público, siempre y únicamente en los gobiernos civiles. El rigor del pensamiento. Ya sea en la formulación teórica, como en la oración clara, sin titubeos, elegante, literaria. El rigor del intelectual. La audacia de pensar por cuenta propia, de extender a la economía la necesaria visión interdisciplinaria y humana. El reconocimiento obtenido como el teórico del subdesarrollo.

Recordaría lo que no se dijo: el peso del exilio que caló hondo, la tristeza de haber sido expulsado de su país, “que dejó de ser la patria que protege para transformarse en amenaza”. La desolación al escuchar los ecos de la brutalidad del régimen que lo había castigado injustamente. Diría que Celso personificaba la definición de periodismo acuñada por Cláudio Abramo: el ejercicio diario de la inteligencia y la práctica cotidiana del carácter. Recordaría la gesticulación de las manos. La característica de los grandes maestros cuando quieren transmitir pasión con su batuta.

Recordaría eso y mucho más. Pero, de alguna manera, ya ha sido recordado. Por Celso, en sus tres libros de memorias intelectuales. Por los que creen en sus ideas. Y hasta por el pequeño ejercicio que un día escribimos a cuatro manos, la cronología biográfica que, por las artimañas de internet, ganó vida propia y resurge aquí y allí en el enmarañado mundo virtual.

Esta página reservada a Celso en un Centro que lleva su nombre agrega, ordena y actualiza reflexiones sobre sus ideas y su acción. No le habla al pasado, sino al futuro, a la juventud de su país, a la que se dirigió tantas veces. Ese es el propósito de los discursos reunidos en textos seleccionados. Ese es también el objetivo de esbozar un “Celso por sí mismo”, incluido aquí, en su perfil en la Cronología. Son comentarios al pasar que se destacan en las entrevistas, pequeñas frases escogidas de conversaciones que él mantuvo con la prensa en sus últimos diez años de vida. Son granos de arena, que, si se miran con lupa, aislados, revelan un trazo hasta entonces encubierto, un sentimiento reprimido que ahora sale a luz, una impresión descubierta en el fondo de la memoria. Facetas desveladas con el pasar del tiempo, cuando recelos y anhelos ceden paso a la consciencia de que llegó el momento de depurar, de decantar lo secundario, de apuntar a lo esencial. Pilares menos visibles del gran puente que sostiene su permanencia en nuestra Historia.

Ese trabajo de decantación de la memoria como un trozo del futuro es parte de la misión esencial del Centro Internacional Celso Furtado de Políticas para el Desarrollo. Lo guía la seguridad de que los testigos de esa vida dedicada al Brasil y a la lucha por el desarrollo o, como él prefería formular, para la superación del subdesarrollo, se deben incorporar al patrimonio de los que piensan en sintonía con Celso Furtado, quien un día también escribió: “no siempre las ideas se tornan obsoletas con el pasar del tiempo; a veces, cobran más fuerza”. 





Centro Celso Furtado © 2011 - Todos los derechos reservados